A principios del siglo XVII se desarrolla una nueva tendencia: bajo Jacobo I y Carlos I, los poetas son siempre cortesanos, pero están animados en mayor medida por el fervor religioso.

POETAS FÍSICOS Y “CAVALIERS” 

John Donne (1572-1631) escribió poemas profanos donde se canta el amor carnal y la muerte, a la vez que canciones, sonetos y elegías donde se expresan los sufrimientos y los goces de la vida espiritual. De «Segundo aniversario», meditación sobre la muerte de una muchacha, al hechiceresco «Ve y atrapa una estrella fugaz» o al impresionante soneto 14 de los Sonetos sacros: «Batter my heart, three-personed God» (1633), sus poemas expresan una vida física, intelectual y espiritual intensa. La forma es muy libre, y se caracteriza sobre todo por las metáforas audaces, las conminaciones brutales y los rasgos de ingenio (conceptos).

Otros poetas acusan en grados diversos la influencia de Donne. Se les ha llamado los «poetas metafísicos»: Dryden, y después Samuel Johnson, inventaron este nombre, pues hallaban sus versos abruptos y su esencia demasiado complicada. George Herbert (1593-1633) es uno de ellos; su soneto «Redención» ofrece un ejemplo de metáfora alambicada: Dios es en él un rico propietario y el poeta un arrendatario descontento. Herbert escribió también poemas cuya tipografía reproducía un ala o un altar. Henry Vaug-han (1621-1695) publicó Sílex centelleante en 1650, seguido de Olor iscanus (el cisne de Usk, en el País de Gales). La teoría de la correspondencia mística suscita aquí las imágenes:

I saw eternity the other night Like a great ring of puré and endless light. (De «The World»)

Richard Crashaw (1613?-1649) se sirvió de los emblemas, como el título El corazón ardiente indica, más allá de los límites aceptables. Inspirado en el misticismo de santa Teresa de Ávila, se expresa con una violencia apasionada, sin preocuparse demasiado de la perfección formal. Los versos de Andrew Marvell ocultan un propósito serio bajo una forma graciosa y brillante. Fue secretario de Milton y escribió la mayor parte de sus poemas entre 1550 y 1560. Trató sus temas predilectos, el amor y la muerte, con una ironía ligera, muy personal, como bien se evidencia en «A su amante esquiva», que comienza así:

Had we but world enough and time, This coyness, lady, were no crime.

We would sit down, and think which way

To walk and pass our long love’s day.

Thomas Carew (1595-1640) escribió una elegía a la muerte de John Donne. Se le clasifica entre los poetas galantes, partidarios del rey y antipuritanos, incluso libertinos. Sir John Suckling y Richard Lovelace escribieron en la misma línea. Rober Herrick, londinense y admirador de Ben Jonson, pasó lo esencial de su vida en un pueblecito del Devon; en 1648 publicó una nutrida colección de poemas profanos donde canta a las flores, a las fuentes, al cristal y a Corma:

Gather ye rosebuds while ye may, Oíd time is still a-flying…

JOHN MILTON (1608-1674)

El turbulento período que vio la ejecución de un rey, la Com-monwealth de Cromwell y la Restauración está dominado por John Milton; convicto protestante y profundamente cultivado, su inspiración es grave, aun en las obras de juventud. En L’Allegro y en II penseroso se mezclan la filosofía antigua y el espíritu religioso; en Como, intermedio (mask) escrito para una fiesta, la frase larga y la nobleza de los versos anuncian ya el estilo de las obras épicas; Licidas obedece a las convenciones de la pastoral elegiaca: la vida y la muerte del pastor plantean la cuestión del sentido de la vida; abundan las referencias antiguas, las alegorías y los apóstrofes, pero expresan, en versos amplios de flexible prosodia, la sensibilidad y la fe del poeta.

A Milton se le conoce sobre todo como autor de las grandes epopeyas bíblicas: El Paraíso perdido, publicado en 1667, y El Paraíso recuperado (1671), escritas después de un largo período de colaboración con el régimen de Cromwell (1640-1660). Durante sus años de actividad política, Milton concibió el proyecto de escribir, a la manera de Homero y de Virgilio, un poema que explicara la creación: «To justify the ways of God to Man». Vasto combate del mal contra el bien, el paraíso es en principio perdido por Lucifer, tras una inmensa batalla entre los ángeles rebeldes e infieles; luego el arcángel caído arrastra a Adán y Eva, y, como consecuencia, a toda la creación en su caída. Si el orgullo de Satán seduce por su cariz romántico, su retórica es especiosa: es verdaderamente el Maligno:

Infernal world, and thou, profoundest Hell

Receive thy new possessor: one who brings

A mind not to be changed by Place or Time.

The mind is its own place, and in itself

Can make a Heaven of Hell, a Hell of Heaven.

El amor de Dios, la ternura de Adán hacia Eva y la venida de Cristo harán posible la salvación, en el segundo poema. La estructura antitética de los doce libros de El Paraíso perdido crea grandes equilibrios y se encuentra hasta en los detalles. Esta obra, cuyo tema es el más grande que quepa imaginar, está escrita en versos blancos de sonoridades estudiadas, con un riimo variado merced a los encabalgamientos, cesuras y quiasmos. La riqueza de las metáforas, la multitud de las referencias bíblicas, clásicas o contemporáneas hacen estos textos espléndidos, pero de ardua lectura; ello explica quizá el disfavor en que frecuentemente se les tuvo. El pintor y poeta Blake ejecutó no obstante para ellos magníficas ilustraciones. La carrera de Milton concluyó con el poema dramático Sansón Agonista (1671). La ceguera de Sansón, que se identifica con la del poeta, es evocada con fuerza conmovedora:

O first-created beam, and thou great World,

«Leí there be light, and light was over all»,

Why am I thus bereaved thy prime decree?

(Versos 83-85)

Todas las obras de Milton describen el combate contra la tentación. Determinadas actitudes (la presentación del cielo, el rigorismo moral, el antifeminismo) acaso parezcan anticuadas, la intertextualidad hará a veces herméticos los versos, pero la batalla es innegable.

EL NEOCLASICISMO

Después de las complicadas búsquedas de los poetas meta-físicos y la majestad erudita de Milton, algunos escritores hallaron una tercera vía: la búsqueda de la claridad y la simplicidad, que condujo a privilegiar el dístico heroico (heroic couplet): esta forma correspondía evidentemente a un mensaje distinto. Fueron Edmund Waller (1606-1687) y John Denham quienes lanzaron este movimiento, cuyo participante más brillante fue John Dryden (1631-1700)

Dryden rindió homenaje a Waller y perfeccionó su prosodia. Se hizo cronista de los acontecimientos sociales, políticos y religiosos de su tiempo (en Annus mirabilis, describe el incendio de Londres Fue poeta laureado e historiógrafo de Carlos II. El individuo se eclipsa, en sus obras, ante los grandes problemas de su tiempo, y lleva a menudo, como Butler, la máscara del satírico: ello no impide los ataques personales (contra Thomas Shad-well, en Mac Flecknoej. En Absalón y Ajitofel (1681). describe las intrigas que rodean la sucesión, denuncia al ambicioso Duque de Shaftesbury Architophel:

Of these the false Architophel was first;

A ñame to all succeeding ages cursed For close designs and crooked counsels fit.

Religio Laici es una obra de especulación religiosa, como La cierva y la pantera, pero aquí se disfraza de fábula protagonizada por animales. Dryden también tradujo a Virgilio, Ju-venal y Ovidio. Versificador muy hábil y brillante crítico literario, Dryden es el primer gran neoclásico.

Por la misma época, algunos poetas de corte escribían versos ligeros y sugestivos; entre ellos, Charles Sedley y el Duque de Rochester son los más conocidos.